Óscar y yo olvidamos decir que la playera tiene mucho que ver con la novela -la cual fui incapaz de resumir en tres palabras. Sin embargo, reímos. Hubo preguntas y comentarios. Se vendieron un par de ejemplares -mismos que firmé. Sí le di las gracias por escribir la hermosa cuarta de forros (como la portada) y por presentar en la Fenali 37 a Chamuco, mi tercera novela, uno de los trabajos más personales y al mismo tiempo más ficcionales que he escrito. La novela, de las tres (que se llevan 6 años entre sí), que más me ha costado concluir. Quizá, por lo tanto, la más fallida; la que no es del género negro, pero sí. Luego nos fuimos a comer con Mauricio Bares (tipazo, me recordó a mi tío Raúl), Lilia Nitro Barajas, Edgar Contreras, autor de Dónde estabas tú, y su señora -a quien olvidé preguntarle su nombre (
). Haber comido una cemita primero no fue buena idea, y Marce (quien me hizo el favor de tomar las fotos de mi presentación) y yo tratamos de bajarla con unos tequilas. Funcionó a medias. Luego volvimos, ahora al primer patio, donde Óscar se rifó su veinteava y última presentación, junto con Frida Cartas y Carlos Sánchez, de su más reciente libro de entrevistas, el cual lleva por título la shakespereana frase Lo que resta es silencio. Tomé fotos. La gente se interesó de inmediato en el hombre con la voz (y alma) de terciopelo e igualmente hizo preguntas y comentarios. Fue un poco más seria la cosa y, al final, Óscar firmó los libros vendidos. Luego me ayudó a cargar un par de cajas con 50 ejemplares de Chamuco (conformando así el #TeamChauco) cada una y me dio raite en su nueva nave a la terminal de camiones. Me habría encantado quedarme a platicar con él, departiendo un par de chelas como no hemos hecho nunca, pero el camino era larguito y al día siguiente ambos teníamos cosas que hacer.

































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