Finalmente el Chamuco se apareció en Ecatepec. (O quizá de ahí provino.) Lo hizo en el lugar más adecuado para hacerlo: en la Peripheria Librería, en el barrio; un espacio especializado en libros de ciencia ficción, terror y policial. Luego de la presentación de Ximena (quien junto con Jonathan inició este proyecto), Zel abrió la charla y Fátima la secundó. La verdad es que, si no hubiese tenido que intervenir, nomás las habría escuchado. Qué par de mujeres tan brillantes. Se aventaron comentarios que, obvio, ni yo había visto de la novela. (La verdad hasta me la antojaron.) Ninguna de las dos es propiamente mi amiga, así que disertaron desde un lugar, digamos, más objetivo. Fue una de las condiciones para presentar. Y entiendo el punto. Sé que los amigos suelen ser complacientes, sin embargo también pienso que la presentación de un libro es, ante todo, una celebración. Y así lo fue. Mis familiares y amigos llenaron el espacio (de lo contrario, no habría habido nadie) y escucharon atentos a las presentadoras. Hubo risas y un poco de controversia, hubo psicoanálisis e interrupciones onomatopéyicas de los camiones que pasaban afuera, el uno cada vez más grande que el otro. BRRRRRAAAAAAMMMMMM, honraron, a su modo, la historia de la que hablábamos. La última pregunta, sin embargo, fue aún más atronadora: Para ti, ¿qué es el amor? (Debo tener más cuidado con lo que declaro en las entrevistas, pensé, pues en una dije que ésta era una historia de amor. Pienso que, de algún modo, todas lo son.) Respondí lo que pude. Luego, cuando ya estaba en mi casa a punto de dormir, pensé: Esto. Esto es el amor. Estar aquí. Su compañía. Sus abrazos. Sus risas. Su complicidad. Si no, como diría Vonnegut, ¿qué lo es?














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