¿Por qué no le pones un nombre?, me preguntó Armando una vez, en el taller, y luego me contó que él nombraba a todos sus instrumentos (tocaba piano, bajo, guitarra, ukulele…). La verdad es que yo, de los dos que había tenido, a ninguno lo había bautizado. (A ninguna, en realidad, porque baterías.) Fue así que brotó, de algún rincón de mi gañote, sin más, el nombre de Roberta. Y así le puse a la batería de la protagonista de Metal; es el único personaje en esas páginas que tiene nombre propio. Le agarré cariño y por eso también le puse así a mi tercera batería (cuarta, porque no puedo no contar a E-Roberta, la electrónica), que me vendieron Bruno y Dalia. Estas imágenes pertenecen a su debut (que casi no se logra, acá el porqué). El Gabriel y el Emmanuel la armaron chingón. Sonó al tiro. Le pegué recio (y me desfogué). Es probable que grabe en ella lo nuevo de Asedio. Ojalá. Como sea, le doy las gracias. Y se las presento. ![]()


























Fotos: Yazmín Martínez.

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