Esta vez solo hubo lágrimas de uno de los pilares, pero el cierre de la primera temporada 2025 del taller Escribir como remedio concluyó chingonamente: entre abrazos, café, botanas, pizza y risas. Con mayor madurez, quizá, y con la demostración de que todo el que quiera puede escribir (y bien berga), venga de donde venga. La Máquina y nuestras vulnerabilidades por poco merman los esfuerzos por conseguir la estabilidad de este espacio donde caben todos. O donde se busca que quepan. Agradezco un chingo, siempre, a quienes resistieron y han construido conmigo este esfuerzo casi idílico. Pronto seguiremos cimentando su camino.

Fotografías de Yazmin Matínez.

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