Muy temprano en su carrera como baterista de Bathory, #JonasÅkerlund se percató de que lo suyo no eran las baquetas, sino las cámaras de video. Por lo que optó por dedicarse a la dirección cinematográfica, dándole recio a la realización de videos musicales, primero, y comerciales, después, para alcanzar la cima del gremio y filmar sus propias películas y series (Spun, Solar, Clark, Lords of Chaos) o trabajar junto a Madonna, Paul McCartney o los Rolling Stones (entre otros chingones que me maman, como Metallica, Rammstein, Duran Duran, Smashing Pumpkins…). Tremenda decisión vital que celebro casi todos los días, pues desde que lo supe, desde que fui consciente de su existencia, su trabajo me ha resultado por lo menos inspirador. Aunque, adrede, no conozco todo lo que ha hecho. Es un goce para mí esa ignorancia: de lo contrario no hubiese disfrutado hasta el éxtasis con este videoclip. Hablábamos de eso Kike y yo hace poco, de la muerte de Ozzy, y saqué a colación un video que previamente posteé en este feed, dirigido por Åkerlund, el tercero de tres que hizo para el Príncipe de las tinieblas (no he visto el segundo. Ya lo veré). Y hablamos un poco del trabajo de ambos. En ese momento yo no había visto este. Lo hice más tarde, esa noche, luego de escuchar íntegro el Down to Earth, ponchadísimo álbum que contiene esta canción y con el cual me acerqué al trabajo de quien fuera vocalista de Black Sabbath. Tampoco tenía idea de la alineación de ensueño de ese material hasta que, como hacíamos a principios de los dos miles, vi el booklet (tampoco recordaba que tenía el cd): Zakk Wylde en la lira, Roberto Samuel Trujillo Veracruz en el bajo y, para regocijo de Montse, Mike Bordin de Faith No More en la batería. Insisto: bendita ignorancia: llevo escuchando ese disco desde que salió -más de veinte años- y no tenía idea de nada. Así me pasa regularmente: escucho los álbumes y ya está. A veces no sé ni cómo se llaman las rolas y estas solo transcurren en mi torrente sanguíneo, de sangre caliente como la de las palomas degolladas de este videoclip, que bien podrían ser palomas literales o de tratarse de la representación del Espíritu Santo. Porque Åkerlund es un maestro de la evocación y de la provocación visuales, un transgresor que no teme a los tabúes sino que los pone sobre la mesa para que te atasques con ellos (por lo menos en la intimidad de tu mente, aquella que la tecnología no ha logrado del todo vulnerar, pero agárrate cuando así sea y nos juzguen por nuestros cochinos pensamientos). Jonas acude al lado oscuro de la experiencia humana, una experiencia más adecuada hace veinte años que ahora, donde la lujuria, la violencia, el libertinaje, los excesos y la soledad son elementos comunes, que le hablan a su audiencia y no la deja indiferente. Por el contrario, la mueve. Y entonces acá retrata el oscuro y eterno camino que Ozzy habría de transitar una vez muerto. O cuando estaba vivo, en sus pesadillas. O en su mundo real. Yo qué sé. Vi el video y reconocí el estilo del realizador sueco al momento (cortes rápidos, un gran angular para cuando toca la banda, close ups para los vocalistas o extreme close ups para los labios cuando cantan; la crudeza que dan los azules, verdes, amarillos y rojos, por ejemplo). Me dije: ese es Jonas, qué chingadazo de clip (del cual él mismo compartió un fragmento en su ig a propósito de su luto. Por favor no se pierdan las partes donde matean: dicho movimiento de greña nunca fue tan denso). Corroboré que, en efecto, era cine (que él había dirigido) al terminar de verlo (y al terminar, porque terminé

) y al momento acudí a los comentarios que hay en Youtube: son la gloria. Muchos descubrimos con las canciones de ese disco al maestro Osbourne. A algunos, confiesan, les atemorizó. Otros nos rendimos a sus pies. Y por siempre le rendiremos pleitesía.

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