Mi Yisus
está de la chingada, pero ayer
me acordé de ti:
por primera vez en todos estos años
noté el inmenso parecido que tenías
con Arturo Huizar; hoy ambos
viven eternamente
en ese otro mundo
donde el heavy metal suena
a tiempo completo. Mi Yisus,
te agradezco por tantas atenciones
que tuviste conmigo y con Asedio;
no he conocido hombre
más entusiasta que tú, tenías
tantos sueños, nada era imposible
para ti. Gracias
por salvarme la vida cierto día,
por departir conmigo algunas chelas
-y algunos cuantos cigarrillos
de la amistad-;
por hablar por horas por teléfono,
por hacer todo lo que estaba en tus manos
por los tuyos, por aquello
que querías, hoy no puedo
creer que te hayas ido, hoy no quisiera despedirme
de ti, amigo, pero gracias;
tu último abrazo
se queda aquí.

Deja un comentario