Una vez que estuvieron solos, se miraron el uno al otro. Zamudio y Zelena, dos inadaptados, se acercaron mirándose a los ojos. Tan pronto las cuatro manos tocaron la piel de quien tenían enfrente, ésta se puso como de gallina. Se besaron. Concretaron. Cuántas ganas había en ellos. Cuántas ganas de probarse otra vez. No había nadie alrededor salvo el fervor de sus labios encontrándose. Aprovecharon, sin saberlo, los minutos antes de que ese espacio estrecho se llenara de otros como ellos. Hubo un punto en que Zamudio, como buen mamador, o a razón de quién sabe qué, le habló a Zelena de #PTA, aquel cineasta que un día se paró, a sus 27 años, luego de dirigir su segunda película, frente al condenado al ostracismo Charlie Rose y defenestró la educación de las escuelas de cine y ponderó a Terminator 2 (T2). La vez que Zamudio vio el video de esa entrevista se dijo: Pienso lo mismo que ese carnal. Y trajo a cuento a Magnolia, su favorita de él, una película que compró en dvd cuando el Videocentro de su colonia remató toda su mercancía casi dos décadas antes de este momento que estoy narrando. Zelena le mostró entonces uno de sus hombros que hacía un instante se había estremecido. Magnolia, como el tatuaje que tengo, dijo, y aprovechó para regalarle la mejor de sus sonrisas. Ahí estaba la flor rayada a tinta negra indeleble. Zamudio la miró mejor. Luego, más tarde, cuando ya se habían ido de aquel bar que les gustaba tanto y se aproximaban al territorio ficticio de Hecatepec, ella le dijo que tampoco era la mujer para él, aquella que le daría hijos. Zamudio tenía unos días de haber visto One Battle After Another, la décima película de #PaulThomasAnderson. Tenía varios meses que se había estrenado en cartelera y unas semanas que su carnala y su gurú el Henryke le habían dicho que la viera, hasta que se animó a hacerlo un sábado por la noche en la comodidad de su hogar. Ahí el personaje del tremendo Leonardo DiCaprio experimenta la paternidad de una forma, digamos, muy contemporánea. Basada en Vineland de Thomas Pynchon (autor que Zamudio comparte con Henryke, además de Foster Wallace; segunda vez que lo adapta PTA), la película le pareció la obra cumbre de este individuo (la décima, con la que quisiera retirarse #Tarantino, un capo con quien Zamudio estuvo de acuerdo en sus opiniones sobre There Will Be Blood). En ella se conjuga todo lo que ha puesto en cámara PTA (y que resume muy bien Te lo resumo así nomás en este video). Una experiencia cinematográfica total, pensó Zamudio frente a Zelena y procuró no desgranar su opinión frente a ella y mejor limitarse a escucharla. Una mujer por demás elocuente e ilustrada. Lo que más le gustaba de ella era la música que provocaba su risa. Esa noche se rió cien veces. O esas contó Zamudio, quien al ver esta película que recién recibió tres Oscares (los primeros, inexplicablemente, pero justamente, para PTA) pensó no solo en que estaba ante ese trabajo culminante que hacía lo que siempre hacía ese director que ha trabajado con los mejores actores y actrices contemporáneos, sino que abordaba ese asunto que a él le concernía y que una conocida le recordó cuando leyó esa novela un poco extraña llamada Maldito sea tu nombre, cuyo tema compartía con la cinta: la paternidad. Ese tema que PTA ha abordado en cada pie de su metraje. Zamudio no había entendido hasta ese momento por qué le gustaban tanto sus pelis. No solo era por sus valores impecables de producción, o por sus escenas de amor (ese amor un tanto sórdido, impuro quizá, pero apasionado, como el que estaba experimentando con Zelena en ese momento), sino por el asunto de la descendencia. Y es que en One Battle el tema se lleva hasta sus últimas consecuencias. Habla de otras cosas, claro, pero esa es la central. Hay que verla un día, le dijo ella entonces, quien horas antes no pensó que iba a verlo esa noche. La noche en que iba a enamorarse tan enloquecidamente de él.

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