A lo lejos sonaron las mañanitas

A lo lejos sonaron las mañanitas
que cantara el rey David, voz y música de unos mariachis
que me despertaron
en medio de una siesta que tomaba un rato antes
en el sillón donde suelo soñar
contigo.

Hoy, en tu cumpleaños treinta y dos,
hoy, que recibí la traducción completa
de Metal al francés; hoy
que había dos razones, tal parece,
para estar contento y celebrarlo, no lo estuve
del todo y preferí dormir
en el sillón donde suelo soñar
contigo.

Ya sabes: me invadió un chingo la tristeza porque no pude
abrazarte y darte
tu regalo. Cuánto me habría gustado
llevarte serenata (gran idea de la que luego luego
me arrepiento) como estas personas hicieron
con su madre, con su hermana, con su
novia; con su hijo, con su esposo, con su abuelito. Qué sé yo a quien
le llevaron mariachis, me pareció un gesto valiente
para estos tiempos en que la vida parece
acobardarse.

Así que resistí todo el día para escribirte
todo esto:
unas cuántas líneas que olvidaremos, corazón, como olvidaremos
todo esto.

Aunque no creo.

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