l o b o

¿alguna vez has pateado a tu perro tan fuerte que la pata te duele uno, dos, tres días seguidos? ah, ya, ya sé, me vas a salir con que nunca has pateado a un perro, con que nunca le has hecho daño a algo… mira, wey, yo convivo entre cucarachas, entre moscas, entre ratas. entre gusanos. aprecio la valiosa compañía de las alimañas. porque son como yo: viven de basura y desperdicios; te lo digo, yo que nací en un basurero, ahí me dejaron tirado tan pronto mi madre dio a luz; yo no las mato, yo no, yo no soy como tú que lo haces todo el tiempo y a la menor provocación… mira, te digo que yo nací enfermo: había respirado una gota de oxígeno cuando el mundo ya me había hecho daño. y luego de eso fui criado a chingadazos. de palo, de puños cerrados, de cable pelado. y otras cosas que mejor no te digo, por gente que no era nada de mí, mejor no te cuento, no te vaya a dar miedo o te saques de onda… así eduqué al Pierrot. mi perro. el primero que he tenido y el último que tendré. le puse así porque era de los colores de la máscara del luchador, ¿no te acuerdas?: era amarillo con negro. y no, la neta es que nunca fui a las luchas… psss no me gustaban, mano, o eso creo… aunque a veces pienso que habría sido bueno… en eso, wey, porque soy bueno para los vergazos. y mira, ese día, cuando estaba oscureciendo, salí a buscar un tiro por el barrio, nomás para desatorar el odio. pero nadie se rifó, cabrón: cuando más necesitas que te revienten el hocico no pasa ni madres. y pues fue aquella vez, pero más temprano, cuando patié al Pierrot. con todas mis fuerzas, cabrón, porque no me hizo caso. estaba ladrando como loco y yo andaba bien lejos. bien jetón. bien pinche crudo. y le pedí amablemente que se callara, y al principio agarró el pedo, pero luego otra vez, y otra… y así se siguió ladrando, el culero, como pendejo, como tú, cuando eres mierda y no le rolas un varo al que anda en la calle pidiendo. ojalá un día pusieras tus nalgas pulcras en la banqueta miada y estiraras la mano y aguantaras el desprecio… ojalá y un día patearas a tu perro como yo patié al mío… mira, total que me levanté y con la pata pelona le di el chingadazo, entre la nalga, la pierna y el body de puerco. no chilló, al chile, porque aguantaba un chingo, pero se salió corriendo, a la verga. nunca había hecho eso, te juro, y por eso me armé un jale, por el dolor del patadón y por el dolor del alma, viejo… cómo decirte… luego me paré a ver dónde estaba el wey, y ahí andaba en la esquina, parado, bien atento. me vio y levantó las orejas. yo sabía que nomás esperaba mi instrucción, pero me quedé callado, puto, nomás lo vi a lo lejos y volví a entrar al cantón. de castigo, wey. ¿alguna vez te han castigado? no, no lo creo. entonces me chingué una torta de milanesa que me había quedado de la noche anterior; el bolillo ya estaba bien pinche duro, pero ni pedo; hasta pensé en dárselo al Pierrot, a él le encantaba el pan así de tieso, pero pus no… ni sus luces… tons prendí un cigarro y volví a salir a ver qué pedo, pero ya no estaba… la neta me saqué de pedo y fui a ver a la esquina y no, no estaba el perro… le caminé un tramo con todo y el dolor, para ver si me lo encontraba, pero no… y así estuve dándole vueltas a la colonia un rato: le pregunté a los vecinos si no habían visto al Pierrot pero “nadie lo conocía”, “nadie sabía nada”. hijos de su pinche madre… así es esto cuando de verdad pasa algo: todos se hacen bien pendejos. y un día, fíjate, me mordió la mano. cuando nomás lo estaba acariciando. recién había llegado el wey. fue el día que me siguió de la avenida a la casa, así de huevos. la neta lo mandé al carajo, al principio, pero me cayó bien porque se estuvo dos días seguidos ahí afuera, esperando. de los perros he aprendido eso, cabrón, a ser paciente. sí, wey, aunque no lo creas… no sé por qué, pero siempre he tenido suerte con ellos. por eso me dicen Lobo. yo creo. por los ojos verdes, y porque parece que soy uno de ellos. y siempre se me cuadran, cabrón, siempre me hacen caso. todos esos que viste allá afuera no son míos, son de la vecina que está bien pinche loca, pero como si lo fueran, eh… total que le puse agua, al Pierrot; lo bauticé así desde el principio, por los colores, te digo, y le dejé unos huesos. me mordió despuecito de eso, wey, y con esa misma mano que le estaba dando de tragar, ya mordida, le reventé el hocico. la neta así nos fuimos respetando. así nos fuimos queriendo… ocho años. pero tú qué vas a saber de querer a alguien si nunca le has hecho daño a nadien… y entonces vas a decir que qué culero soy, y la neta sí, pero tú estás bien pendejo, porque no solo fueron chingadazos. ya quisieran muchos perros vagar como vagó el mío. tú encierras a tu gato para siempre, en tu pinche cuarto, y crees que eso no es maltrato… los perros, wey, somos libres, las correas son para los que viven atados… y yo, yo nunca le puse al Pierrot una correa… mira, sin pedos me acompañó a donde fuera. sabía cuándo rifarse un tiro y cuándo no. sabía cuándo venir a olerme, lamerme la jeta y verme con sus pinches ojitos regañados. ninguna persona te va a ver así, cabrón, creo que eso sí lo tienes claro. lo que no sabes, mano, es qué se siente patear a un amigo. a un hermano. a un pinche ser que solo te procura lo mejor de lo mejor; no sabes, cabrón, lo horrible que es no entender al único que te entiende… no sabes, no tienes idea, de lo que significa madrearte a tu carnal y que este venga un rato después meneándote la cola, y que te salude y le dé gusto volver a verte, aunque acabe de verte y tú hayas sido una mierda con él… no, no sabes lo que es que te espere luego de valer madre en la calle y que se eche a tus pies para acompañarte porque sabe que no tienes a nadie; o para morirse contigo de hambre porque tú también te mueres de hambre y juntos busquen a ver qué pescan en los tiraderos, la sobras que tú, sí, tú, tiras a la basura… donde nací… y luego guarde silencio cuando lloras porque nadie te quiere, porque él es el único que va a quererte; o que ladre, que siempre ladre, para defenderte porque, qué crees, él es el único que va a hacer eso por tí… defenderte, aunque lo patees, wey. y yo lo patié… lo más fuerte que pude, porque no me obedeció cuando debió hacerlo. te digo que me dicen Lobo por eso, porque me entiendo bien con los animales, y este perro me entendía de todas todas, sss, a huevo, si aquí las palabras siempre salen sobrando, esas son para para “los entendidos del mundo”, o para los pendejos, como tú comprenderás, o como yo les llamo… ah, mira, es este, es la única foto que tenemos juntos. fue de una vez que fuimos a correr al parque. imagínate que orita lo encontrara en la avenida, wey, partido en dos, sin que nadie se hubiera detenido a recoger sus restos, amarillos y negros, regados por el pavimento… chale, pinche Pierrot… simple y llanamente ya no quiso estar conmigo, quiso irse, me mandó a la verga como todos, quiso saber lo que se siente no ser como yo… quiso ser feliz. y la neta no lo culpo, mano: yo habría hecho lo mismo. pero, psss, la neta nunca he podido hacerlo. nunca he tenido tantos huevos.

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