
Un día tienes 24 años. Y ganas un premio regional de literatura. La foto que aparece en tu primer libro, el que te publicaron con el premio, el que te ha hecho muy feliz, te muestra joven y sonriente. Eres una promesa de las letras nacionales. Lo crees de veras. La vida de escritor te espera con todas sus bondades: gloria, prestigio, reconocimiento. Aún no lo tienes claro: crees que tú escogiste esta vida, pero esta vida te escogió a ti. Por eso es que lees con fruición la obra del poeta maldito que murió joven y que nunca se entregó al sistema como lo hizo con sus vicios. Le tienes fe y devoción. Lo admiras y un poco lo envidias: tras su muerte es mundialmente glorificado. La poesía, de cualquier modo, es tu única diosa. Bueno, y la botella. Algunas mujeres te atraen, pero eres un perdedor y la mayoría te ignora, excepto una. Es un milagro. En ti ve al niño triste que en realidad eres, y te da un chance. Una noche engendran una hija que, dada tu inmadurez, abandonarás. Como te abandonarás a la idea de que eres un poeta incomprendido y que no hay trabajo que puedas hacer salvo escribir. Así transcurren los años y tu consuelo lo encuentras cada vez más en el trago y no en la escritura. Y empiezas a dormir en las calles. Y tu familia y entorno comienza a despreciarte. La idea del suicidio, por lo tanto, no te parece descabellada. Hasta que un rayo de luz toca tu cara fea. Y de alguna forma reaccionas. Un momento. Y ves a esa persona más joven en un salón de clases cualquiera de tu barrio marginal: una verdadera promesa, quien escribe de verdad, sin pretensiones superfluas. Sin lecturas previas. Sin academicismos. Ahí radica la verdadera poesía, te das cuenta. Y quieres que esa flor florezca, pero eres un torrente de agua putrefacta que, inevitablemente, la echarás a perder. Como te perdiste tú.
Tenía rato que quería ver #UnPoeta de #SimónMesaSoto. Gracias a Jesucristo la subió HBO. Un día antes la pasaron en el cine club de Presagios Librería , pero presagié que me iba a poner a chillar bien recio y quise ahorrarme la vergüenza. Es una peli hermosa. Es una peli difícil. Es una peli incomplaciente; es una peli compleja. Es una peli sencilla. Y ahí radica toda su potencia.

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