El suicidio fracasado de un escritor fracasado

Por Billy Wilder*

—Yo sé la razón. La razón soy yo, lo que soy. Más bien lo que no soy. Lo que quería lograr y no pude hacer.
—¿Qué deseas tanto y no pudiste lograr?
—Ser escritor. Es tonto, ¿no? En la universidad pensaban que era un genio. No publicaban la revista universitaria sin una de mis historias. Vaya, era muy popular. De la altura de Hemingway. Llegué a mi cumbre a los 19 años. Le vendí una pieza al Atlantic Monthly, y la publicó el Reader’s Digest. ¿Quién quiere permanecer en la universidad cuando eres Hemingway? Mi madre me compró una máquina de escribir nueva. Me mudé a Nueva York. Lo primero que escribí no salió demasiado bien. Y lo segundo, fracasó. El público no estaba listo para eso. Comencé lo tercero y lo cuarto. Solo que para entonces, alguien comenzó a murmurar sobre mi hombro con una voz clara y delgada, como la nota “mi” en un violín. “Don Birnam”, decía, “no es lo suficientemente bueno, no así. ¿Por qué no bebes un par de tragos para echarlo a andar?” Así que bebí un par de tragos. Qué gran idea fue ésa. Qué diferencia. De pronto pude verlo todo. La trágica extensión de una gran novela, hermosamente proporcionada. Pero antes de poder captarla completamente y ponerla en papel pasaba el efecto de los tragos y todo parecía como un espejismo. Entonces entraba la desesperación, bebía para equilibrar la desesperación. Una más para equilibrar el desequilibrio. Me sentaba frente a la máquina de escribir, tratando de sacar una página más o menos decente. Y ese tipo volvía a aparecer.
—¿Qué tipo? ¿De quién estás hablando?
—El otro Don Birnam. Somos dos, ¿sabes? Don el borracho y Don el escritor. El borracho le dice al escritor: “Vamos, idiota, vamos a sacar algo bueno de esta máquina portátil. Vamos a empeñarla. Llévala a la casa de empeño de la tercera avenida, te darán unos buenos diez dólares. Otro trago, otra parranda, otra borrachera. Qué palabras cómicas. He tratado de separarme de ese tipo muchas veces pero no he podido. Una vez conseguí una pistola y balas. Iba a hacerlo al cumplir treinta años. Aquí están las balas. La pistola compró tres litros de whisky. El otro Don quiso que primero tomáramos un trago. ¡Siempre quiere tomar un trago primero!


*Diálogo de la película The lost weekend.

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