El taxista

¿Sabe por qué llevo colgada esta figura? Fíjese que cuando empecé en esto se subió un señor, haga de cuenta que como de mi edad, a lo mejor un poco más grande, y me preguntó si yo creía en algo. Le dije: cómo no, creo en Dios, aunque hubo una época, señora, cuando yo tendría unos treinta años, en que renegué de todo. En ese entonces tocaba el bajo en una banda de rock, ese estilo empezaba a estar de moda en aquellos años, y me vestía todo de rojo para tocar. Tenía yo el cabello largo, la barba crecida, era muy delgado. Y para no hacerle el cuento largo, fíjese que nomás por eso me decían el Diablito, ¿usted cree? Pero no, no, si yo tocaba era porque admiraba a Paul McCartney, hasta me compré un bajo igualito a uno que usaba él en aquellos años, uno que era en forma de violín, a lo mejor le tocó verlo… Fíjese que conforme uno se va haciendo mayor va comprendiendo más y mejor las cosas; con el paso de los años uno va entendiendo que Dios definitivamente existe… y bueno, le decía que este señor me preguntó si yo creía en algo y le dije que sí, y el señor me dijo: “Mire, también yo fui taxista. Y así como usted, amigo, no llevaba nada colgado en el retrovisor. Pero un día, en plena mañana, se subieron dos jóvenes. Un hombre y una mujer. Tonces de repente que el chavo saca la pistola y me la puso acá, en la nuca, y me robaron lo poco que traía. Pensé que no la contaba, amigo. Yo nada más cerré los ojos y dije: Dios, que sea tu voluntad lo que pase a continuación. Y mire, acá sigo.” El señor este que le cuento, señora, me dijo que ese mismo día compró un crucifijo allá en el Centro y que lo colgó en el retrovisor. Me recomendó hacer lo mismo y pues ese mismo día me encontré con esta figurita en un tianguis de antigüedades que se pone los sábados en el Jardín Pushkin, ¿lo conoce? ¿No? Tiene muchos años ese tianguis. Voy ahí de vez en cuando, me gustan las cosas antiguas. Fíjese que pienso que yo nací en otra época, y que por eso me gustan todas esas cosas viejas. Ah, mire, están diciendo que va a hacer frío. Hay que abrigarse bien, eh, señora… Pero bueno, le decía que ese día me encontré con esta figura en el tianguis: ahí la vi en el piso entre cuadros, fotos y otras chácharas. Me pareció muy curiosa y original, nunca había visto un Cristo hecho de tubos con la cabeza en forma de volante, ¿usted sí? ¿Verdad que no? Lo mismo pensé. Y dije, porque no es por nada, eh señora, pero yo creo que no hay casualidades y que todo pasa por algo: ¿A poco no es curioso que tenga la cabeza en forma de volante cuando a lo que me dedico es a manejar un coche? ¿Verdad que sí? Es lo que yo digo. A mí, gracias a Dios, señora, nunca me han asaltado en el taxi. Por lo general salgo muy temprano y termino ya en la tardecita, antes de que anochezca. No me gusta manejar cuando todo se oscurece. Porque es muy peligroso. Y además ya no veo bien en las noches. No distingo. Un día iba yo con mi hija, íbamos a dejar a un amiguito suyo a su casa, y púmbales, no me fijé que había una división bien rara, de concreto, en plena avenida. Haga de cuenta un pedazo de banqueta por ahí puesto. Híjole, le fregué la caja de velocidades al taxi y estuve un rato sin poder trabajar. Pero en fin, ya ve, a este señor que le cuento lo asaltaron en plena mañana. Es como si usted me asaltara ahorita. Lo bueno es que no puede, porque viene amarrada, que si no… mire, aprovechando que está el alto, acá en la guantera traigo los lentes. Me los voy a poner, no sea la de malas que se nos atraviese algo. Porque no se crea, ser taxista es una gran responsabilidad: lleva uno la vida de alguien ahí donde va usted, tiene uno que ser muy responsable, tiene uno que ser consciente de eso. De que cualquier descuido puede ser fatal. Y esto que le digo es una conclusión que he sacado en los siete años que llevo de taxista. No es mucho, yo sé, pero nunca pensé que fuera a dedicarme a esto. Trabajé muchos años en un banco, y antes de eso hice muchas otras cosas… si le contara. Como eso que le platico de la música, viajé mucho, jugué futbol en las básicas del Cruz Azul, y así como me ve tuve muchas novias. Le digo que tengo una hija. Ya me divorcié, fue más o menos en la época en la que empecé de taxista. Ahora le tengo que entrar a esto del secuestro exprés, pero no se crea que me gusta. Gracias a Dios mi hija ya trabaja, no depende de mí, vive con su pareja. Yo vivo solo, en un cuartito de azotea que me renta una señora que conozco de hace muchos años, doña Berta. Es de una congregación a la que pertenezco. Hace poquito me uní. No crea que es una secta o algo así, somos un grupo serio de alabanza a Jesucristo. Su hijo el Chino fue el que me metió en esto. Mire, hablando de los Beatles. Esa me gusta. Le digo que me compré un bajo como el de Paul, uno en forma de violín. En el video de esa canción, no me lo va a creer, sale con él. ¿Lo ha visto? Me imaginé. Pues ya ve que era zurdo, ¿si sabía? Ahí se ve clarito. ¿A usted le gusta la música? Yo hace mucho que no toco el bajo, pero yo creo que si lo agarro otra vez sí me acuerdo. Especialmente de esa canción. Uy, ahora que me acuerdo, un día le llevé serenata a una novia que tuve antes de casarme, y que la tocamos. La cantó otro amigo, yo no soy muy bueno cantando, a mí no se me da eso. A mí lo que me gusta, ya se habrá dado cuenta, es platicar.

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