El primer borrador de un guion yendo hacia delante sin saber adónde vamos

Por Nicolás Giacobone*

Escribir hacia delante sin saber adónde vamos es más efectivo que ir al psicólogo.
Pero no se puede escribir guiones yendo hacia adelante sin saber adónde vamos.
No se puede escribir el borrador final de un guion yendo hacia delante sin saber adónde vamos.
Se puede escribir el primer borrador de un guión yendo hacia delante sin saber adónde vamos, pero lo más probable es que no quede nada de ese primer borrador, o casi nada.
Si uno está dispuesto a juzgar con frialdad ese monstruo, y a reescribirlo, y a tirar todo lo que haya que tirar, aunque sean escenas que en sí mismas funcionen, entonces sí se puede escribir un primer borrador yendo hacia delante sin saber adónde vamos.
Si uno llega al final de un borrador con la sensación de que escribirlo fue fácil, de que no hay grandes secretos en la escritura de guiones, ese borrador no sirve para nada.
Hay que sufrir.
Hay que darse cabezasos contra la pared.
Hay que sentir que todo está muy mal.
Hay que mirarse al espejo y darse cuenta de que nuestra cara es idiota; porque todos tenemos una cara idiota; y peor, todos somos idiotas.
Hay que reírse como desquiciado al menos una vez por semana.
Hay que llorar.
Hay que leer lo que escribimos y llorar, no porque las escenas sean tristes sino porque dan pena.
Hay que pasarse horas y horas imaginando otras profesiones posibles.
Hay que pasarse horas y horas pensando excusas válidas, aunque sean falsas, que justifiquen el fracaso.
Hay que pensar en el suicidio.
Hay que pensar seriamente en el suicidio.
Hay que reírse a carcajadas de nuestros pensamientos de suicidio.
Hay que teclear a la fuerza, cuando no tenemos ganas de teclear.
Hay que leer lo que escribimos mil veces, dos mil veces, y cuando sentimos que lo que estamos leyendo es bueno hay que martillarnos un dedo.
Hay que aceptar que somos escritores de mierda intentando escribir algo fantástico, algo que es mucho mejor que nosotros.
Hay que entender que el noventa y nueve punto nueve por ciento de lo que somos es mierda.
Hay que buscar ese cero punto uno por ciento de nosotros que vale la pena.
Eso sí, todo esto que acabo de enumerar (aunque en realidad no lo enumeré) podemos hacerlo en casa, en pijama, a la hora que queramos
.


*Fragmento de su libro El cuaderno tachado.

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