Historia verdadera sobre uno de los peores días de mi vida

Por David Carr*

En el panteón de los peores días de mi vida está el día en que me despidieron, pero no recuerdo con exactitud cómo de malo fue. Se supone que debería guardar un recuerdo muy vivo. Pero eso pasó hace veinte años.
Aunque tuviera una memoria prodigiosa, que no la tengo, los recuerdos, muchas veces, se alteran. En parte es una cuestión reflexiva, el intento de enterrar unas verdades que no pueden digerirse. Pero otros recuerdos no son más que mitos de redención venidos a menos. Un relato personal no consiste sencillamente en abrir una vena y dejar que fluya la sangre hacia cualquiera dispuesto a mirar. El yo histórico se crea para mantener a raya las disonancias y hacer que la historia sea aceptable en el presente.
Pero mi pasado no tiene conexión con el presente. Estaba aquel tipo, una máquina de hilaridad que cayó en desgracia, y está este tipo, el que tiene una familia, una casa y un buen trabajo como reportero y columnista en The New York Times. Para relacionarlos no basta con escribir. Una primera versión de mi historia puede sugerir que di un pequeño rodeo por el consumo de narcóticos, que pasé por un periodo aberrante de comprar, vender, esnifar, fumar e inyectarme cocaína. Y que, cuando conseguí superarlo, todo fue bien.
El meme de la degradación seguida de la salvación es un recurso tradicional en literatura, pero ¿transmite la complejidad de lo que realmente sucedió? A todo el mundo le contamos lo que necesita saber, incluyendo a uno mismo. En Notas del subsuelo, Fiódor Dostoievski explica que el recuerdo —incluso la memoria— es fungible y que, a menudo, deja fuera verdades atroces. Escribe: “El hombre está obligado a mentir sobre sí mismo”.
No soy un mentiroso entusiasta ni experto. Aún así, ¿puedo contarles una historia verdadera sobre el peor día de mi vida? No. Para empezar, no fue el peor día de mi vida, ni mucho menos. Y quienes estaban allí juran que las cosas no pasaron como las recuerdo, ni ese día ni muchos otros. Y, si no puedo contar una historia verdadera sobre uno de los peores días de mi vida, ¿qué voy a hacer con los demás días, con esta vida, con esta historia?


*Fragmento de su libro La noche de la pistola.

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