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Desde las ventanillas, el atardecer
Tan pronto acabó la presentación, y luego de firmar un par de ejemplares, se me acercó. –Tengo un par de comentarios… Uno bueno y uno malo –dijo. Asentí. Por la edad que le calculé, y por su nombre, no tuve reparo en escucharlo. –Me habría gustado escucharte –dijo–. Que los jóvenes sintieran el ritmo de… — read more
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La triste osadía del Señor Segovia (XI)
Salí de La Fuente bien servido, cuando ya era de noche. Las cálidas farolas de luz iluminaban las calles del centro de Guadalajara por las que caminé junto a otras personas que también paseaban por ahí. Un montón de parejas. Compré un cigarrillo en un puesto de dulces y me senté en una banca que… — read more
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La triste osadía del Señor Segovia (X)
El hotel estaba a orillas de una carretera, en realidad era un motel de paso. Tardamos diez minutos en llegar. El Uber se estacionó afuera de la entrada y dijo: —Péreme tantito —luego se bajó del vehículo. Vi cómo una mujer un tanto mayor se aproximó a él y algo se dijeron entre ambos. La… — read more
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La triste osadía del Señor Segovia (IX)
Esta noche la terminaré a la orilla de una carretera, solo, entre la oscuridad. Tres o cuatro horas antes, en cuanto esté frente a mí, Sonia Soares me dirá: —¿Hola? —¡Hola! —le diré y me presentaré. Sonia también se presentará y sonreirá y moverá la cabeza de arriba a abajo mientras nos demos la mano.… — read more
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La triste osadía del Señor Segovia (VIII)
y algo se engancha, un tornillo o un mueble obligándome a cojear como el reloj de mi padrastro que daba vuelta entera sin fallar un trazo al alcanzar las 11.10 h (once horas diez minutos) aparecía una hernia en los volantes y se trataba, se notaba el esfuerzo de las agujas insistiendo en avanzar, mi… — read more
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La triste osadía del Señor Segovia (VII)
VII Al despertar, Frida todavía estaba ahí, durmiendo bajo las sábanas, desnuda, en una cama que no era la mía. Lo noté apenas abrir los ojos, la luz iluminaba todo desde aquella ventana imposible de abrir. Me incorporé de un salto; suelo despertar así, saliendo de súbito de la cama o de plano no salgo.… — read more
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Mi primer asalto
Recuerdo con mucho cariño mi primer asalto. Fue cuando tenía catorce años, les dije, y ocurrió mientras iba subiendo un puente. Un individuo, otro joven (un carnal un poco mayor que yo), se aproximó. Pensé que me conocía y que quería saludarme, porque de pronto ya estaba muy cerca de mí. Así, a dos centímetros,… — read more
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El día que conocí a Metallica
El día que conocí a Metallica en realidad no lo hice. Era mi sueño hacerlo, sin embargo, y como tal me desperté (temprano). Por lo tanto estaba un poco nervioso. Bueno, no del todo, porque en mi escritorio ya reposaba la carta de amor, traducida al inglés, que le escribí a Lars Ulrich en la… — read more
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La triste osadía del Señor Segovia (VI)
VI Ella sí está ahí. En aquel stand de la UNAM. Lo recordé apenas, hace poco, cuando me escribió para preguntarme cómo estaba. Recordé sus senos, la neta, unos senos que me mostró la noche en que bebimos juntos en aquella cantina en la que tienen una foto de Eusebio colgada cerca de la puerta. … — read more
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La triste osadía del Señor Segovia (V)
V Aguardo entre las tinieblas, vestido con gabardina y sombrero, al estilo de algún personaje de Los intocables (la escena, por lo tanto, es en blanco y negro). Conforme el auto se aproxima entre una tormenta que, por el pavimento empapado, se intuye lleva ya mucho tiempo, las luces de los faros cortan las tinieblas… — read more
